martes, 19 de julio de 2011

Ensayo: Lo sublime

Este ensayo y el anterior corresponden a encargos de la U, quién sabe...quizás le son útil a alguien...


Somos habitantes del mundo, habitamos un mundo en donde las experiencias se viven de distintas maneras. Para entrar en el tema de lo sublime partiré por establecer la idea de una dualidad del ser que es útil para ir entendiendo cómo funciona este sentimiento. Schiller[1] nos dice se conviven en el sujeto al mismo tiempo, el hombre físico y el hombre moral (cultura física- cultura moral). El hombre físico estaría ligado a todo lo que refiere a un orden de lo sensible, al que se detiene y se mantiene en la esfera de la representación, este hombre es el que experimenta lo bello (realista). Por otra parte tenemos al hombre moral, éste es el que al contrario del hombre físico, experimenta la fuerza que lo remite más allá de la esfera de la mera forma o representación y aplasta lo que al hombre físico oprime (idealista). Para hacer más clara esta idea de una dualidad presente en el hombre me referiré a una idea de Kant[2] que nos habla de las “facultades del conocimiento”, estás estarían divididas en dos: una comprendería la sensibilidad, la imaginación y el entendimiento; la otra parte comprendería a la razón; en esta última se experimentará el sentimiento de lo sublime. Tenemos entonces que en las primeras facultades del conocimiento a través de la sensibilidad se produce la aprehensión de una representación, de su forma, luego pasa a la imaginación donde nos armamos una idea de esta representación  y por último el entendimiento nos entrega un concepto acabado; es a través de estas facultades que se puede experimentar lo bello y contemplar tranquilamente aquello que nos remite ese sentir. Pero es en la razón (distinta facultad de conocimiento contenedora de las “ideas” que no pueden ser representadas) donde se produciría el sentimiento de lo sublime. Esto es porque en lo sublime, frente a una representación, somos remitidos al infinito, por un objeto desprovisto de forma, a la ilimitación, a la inadecuación porque la imaginación no alcanza a concebir lo infinito que está solamente en la razón, y voy más allá, ya no me mantengo en la esfera de la representación, de la forma, lo sublime place inmediatamente porque se resiste al interés de los sentidos (los sobrepasa). Y es que lo sublime no está contenido en las formas sensibles sino que se produce en el sujeto, en las ideas de la razón.
Tenemos entonces esta diferenciación de qué es lo bello y qué es lo subime. Sin olvidar que también entre estos dos conceptos encontramos también similitudes: ambos placen por sí mismos, y para ambos (en la contemplación) no hay interés, esto refiere que al contemplar un objeto de la percepción no nos interesa la utilidad que podamos darle a lo representado para nuestro beneficio (nos libera de todos los afanes). Entenderemos “lo bello” como un sentimiento de placer ante algún fenómeno de la naturaleza o artificio humano, que se produce desinteresadamente en el sujeto y que se relaciona con la representación misma. En lo bello, el mundo sensible explica todo el fenómeno de su virtud siendo innecesario ir más allá, por eso la idea de limitación. En “lo sublime”, al contrario, el sujeto es remitido por esa misma representación hacia lo absoluto, es desplazado desde el orden de lo físico hacia la razón (porque la imaginación y entendimiento no han sido suficientes), experimentando los límites del mundo y así un doble sentir de displacer y placer que en conjunto arman este concepto que como sentimiento posee esta dualidad que mencionaba (placer-displacer) que lo conforma. Se presenta en el sujeto como placer (al igual que la belleza) pero indirectamente, a través del displacer. Esto es, displacer por conocer los límites a los que esta sujeto, pero luego esa misma conciencia de que es afectado y de saberse privado de sus fuerzas vitales lo remite a un “más allá”, a lo suprasensible, a través de lo sensible. Lo bello esta en los objetos que vemos pero en lo sublime el objeto desaparece y el hombre tiene noticia de que el mundo no acaba en el límite de lo meramente sensible.
Decimos que lo sublime es “absolutamente grande” en sí mismo como una magnitud subjetiva, con lo cual, en comparación, cualquier otra cosa es pequeña. Por otra parte este enjuiciamiento no va sólo dirigido a las representaciones en cuanto formas, sino también a las cualidades de dichas formas, así puede ser grande la belleza. Tenemos en el juicio estético, una doble vertiente, lo sublime matemático (dimensiones extremas, en la lógica y en los números) y lo sublime dinámico (fuerzas abrumadoras). Este “absolutamente grande” provoca la inadecuación de la imaginación que es violentada y sobrepasada ya que no le es posible hacer una estimación de la magnitud de un objeto; un esfuerzo de comprensión fallido que sólo puede ser aprehensión progresiva en un todo de la intuición.
Situándonos más profundamente en el sentimiento de lo sublime como tal, es importante destacar el proceso placer-displacer para abordarlo más detalladamente. Sabemos que el sujeto pasa por dichos estados al sentir la limitación y luego lo contrario a causa de la conciencia de aquello (destinación suprasensible) y encontramos que toda medida de la sensibilidad no alcanza a las ideas de la razón, produciéndose el placer. El ánimo es conmovido, hay confusión y una transportación (a diferencia de la tranquila complacencia en lo bello que nos mantiene situados en la representación). Este primer displacer podemos experimentarlo casi como un miedo o un terror, y es muy importante añadir que el sentimiento de lo sublime sólo puede darse con una distancia, es decir a resguardo de la representación, ya que es imposible hallar complacencia en un terror serio, como estar verdaderamente frente a un huracán y su brutal fuerza. Hay que estar a resguardo y no implicado, ya que sólo la separación del contexto vital permite la experiencia estética desinteresada. En el caso del huracán por ejemplo, fenómeno de la naturaleza, encontramos lo sublime no en el temor que nos provoca su potencia devastadora sino en la fuerza que nos invoca, superioridad sobre la naturaleza en nosotros y con aquello superioridad sobre la naturaleza fuera de nosotros (sublimidad contenida en nuestro ánimo).  
Burke[3] es quien describe en lo sublime al displacer como algo cercano al horror, que place por estar controlado, a distancia, es un “asombro sin peligro”. También nos da una especie de clasificación de las pasiones que pueden provocar el sentimiento de lo sublime, con requerimiento de lo ya nombrado anteriormente con respecto a la distancia y desinterés. Para esto surgen variadas pasiones tales como el temor, la oscuridad, el poder, la infinidad, la brusquedad, etc. que tienen gran poder productor de lo sublime por las ideas que despierta en nosotros, cada una con sus características y provocaciones sobre el ánimo.
Ahora me abocaré especialmente en lo que será mi tema, del cual deriva el sentimiento de lo sublime: El poder. Como vimos en lo sublime se pasa de un displacer al placer, y hay en el poder un factor de temor, de miedo, que es inicio y precede al placer que deriva de la conciencia de el límite que nos suponen las barreras del poder. Hay muchos poderes que se nos imponen, que nos dan noticia de nuestra pequeñez, de nuestra finitud, pero sabemos que a resguardo ciertas representaciones pueden producir en nosotros el sentimiento de lo sublime. El poder cuando se presenta como transgresor de libertades, como una gran fuerza, invoca un temor que nos da la idea de una magnificencia, de grandeza, de una dificultad. Esto puede ser el poder del fuego en un incendio incontrolable, el de animales salvajes furiosos, en el poder de un dios enojado, etc. Pero yo quiero centrarme en el poder institucionalizado, es decir el poder del Estado, de los gobiernos militares, el ejército, etc. Burke nos dice: “El poder extrae su sublimidad del terror que generalmente le acompaña”, esto es debido a la potencia que representan y que han representado a lo largo de la historia, porque sabemos que como poseedores de un poder inmenso, cuando han dictado reglas u órdenes estas no pueden ser negadas o desobedecidas y han de ser cumplidas con el fin de no sufrir consecuencias. Es entonces una conciencia histórica la que nos hace tener esta cierta distancia o “respeto” más bien basado en el miedo que en orgullo, hablando en este caso de poderes totalitarios agresores, poderes “inmensamente grandes” con respecto a los cuales no podamos hacernos una idea de uno superior.
Un ejemplo de esto es el gobierno totalitario relacionado al abuso y la represión (el Estado ejerce todo el poder sin divisiones ni restricciones, donde se exalta la figura de un líder), el de Hitler o Stalin por ejemplo.
Ahora entrando de lleno en las representaciones escogidas para el fin de representar la estética de lo sublime tenemos dos imágenes:
1-          Nazi Party Day, Nuremberg, 1934.

2-          El tres de mayo de 1808, Goya, 1814.

Analizaremos ambas estéticamente. En primer lugar ambas causan una sorpresa o impacto inmediato por la fuerza o poder que representan las tropas militares. En la primera fotografía vemos los símbolos del nazismo que es de cierta manera la imagen del Estado y la representación de su poder, además hay presente una perspectiva que remite a la infinitud acentuando más aún esta idea de grandeza, de magnitud. Otro punto importante es la repetición de un orden en las tropas, soldado tras soldado hacen que un elemento mínimo constituya un todo que nuestra imaginación no alcanza a abarcar por completo, no por una verdadera infinitud sino porque a lo que nos conlleva es a una operación que suspende la expectativa de captar con la mirada ese todo cuantitativamente.
En segundo lugar, quise poner la pintura de Goya relacionada al poder institucionalizado porque me parece que representa justamente ese efecto de temor que provoca el grado de fuerza que no puede ser disminuida, que representa un poder unitario, concentrado en una fuerza armada. Aquí hay víctimas de una represión militar. Tenemos distintos elementos que nos revelan la estética de lo sublime presente: el pelotón de fusilamiento es anónimo ya que no vemos sus rostros, ya no podemos identificarlos individualmente sino como una máquina unitaria de ejecución. Tenemos entre los prontos a ser ejecutados, enfrentados a su trágico destino, un protagonista que aparece iluminado con el fondo de una noche cerrada, oscura y profunda. Este protagonista esta con los brazos abiertos formando líneas compositivas imaginarias que remiten al exterior del cuadro, hacia el espectador.  La oscuridad de la noche le da un toque lúgubre; hay una distribución de luces y sombras bastante dramática. Si bien la gama cromática queda reducida en general a tonalidades oscuras se produce un gran contraste con la vestimenta blanca y amarilla del personaje central y  también con la mancha de sangre roja en el suelo. Todos estos elementos influyen en la provocación de lo sublime en nosotros, son una serie de recursos utilizados en este caso por el artista para desplazarnos a través de la tragedia de la vida humana (bajo un poder militar superior) desde un displacer hacia un placer (placer negativo). El poder nos haría concientes, nos mostraría nuestra pequeñez y limitación (los mismos personajes en la representación están sujetos a la imposibilidad), y esta conciencia como ya habíamos dicho nos lleva más allá hacia lo suprasensible, provocándose el placer estético.
Finalmente sólo queda agregar que lo sublime nos eleva hacia lo suprasensible, nos da noticia de que no estamos condenados a una existencia meramente sensible y nos permite una salida a lo cotidiano, opaca nuestra limitación y nos hace libres.


[1]  Friedrich Schiller (1759-1805) Poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán.
[2] Immanuel Kant (1724-1804)  Filósofo alemán; continúa teniendo vigencia en diversas disciplinas: filosofía, derecho, ética, estética, ciencia, política, etc.
[3] Edmund Burke (17291797) Escritor y pensador político británico.

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