miércoles, 20 de julio de 2011

La Potencia Fotográfica. Baudelaire y Malraux: Una Reflexión.

Este informe se centra en la reflexión, ideas y conclusiones que podemos obtener a partir de los trabajos que surgieron con el advenimiento de la fotografía en el siglo XIX, ocupándonos específicamente de “la potencia fotográfica”. Esto supone la aparición de diversas problemáticas en el ámbito artístico y filosófico, problemáticas que son tratadas por numerosos autores, de entre los cuales sólo nos ocuparemos de dos: Charles Baudelaire y André Malraux. Es interesante construir una reflexión a partir de estos escritores ya que sus ideas divergen notablemente y es a partir de esa divergencia que podemos situarnos en un contexto más amplio e  identificar entonces cuál es y dónde radica la potencia fotográfica.
La fotografía llega de cierta forma a tensionar toda una tradición pictórica, a cuestionarla, sirviéndose de la recepción que encontró en el público francés de la época, que se mostró deslumbrado ante tal aparato tecnológico y la “copia” fiel que podía extraer del natural. Es en esta situación donde Baudelaire identifica una peligrosa práctica que amenazaba con desplazar a la tradición reinante: la pintura.
¿Por qué la fotografía siendo “la reproducción exacta de la naturaleza” no puede considerarse arte? El pensamiento francés de la época cree totalmente en la naturaleza, y el arte absoluto sería aquel que pudiera reproducirla tal cual es. Baudelaire nos responde que un ideal que se asemejara siempre a la naturaleza era el adecuado para la gente, sin embargo la industria fotográfica emergente viene a “confirmar la fe en su necedad”, reclutando fanáticos. Esta relación de retroalimentación entre el “nuevo artista” y el público que busca “lo verdadero” es la que le da cierta fuerza a esta nueva técnica. “Si se permite a la fotografía suplir al arte en alguna de sus funciones pronto, gracias a la alianza natural que encontrará en la estupidez de la multitud, lo habrá suplantado o corrompido por completo.” (Baudelaire, 1999:233).
Para Baudelaire la fotografía supone el decaimiento del espíritu francés, acabando con el verdadero artista: el pintor. De la mano de la fotografía nace un nuevo artista, el moderno, al que denomina “el niño mimado”, que se sirve de esta industria debido a su incapacidad y que carece de imaginación, erudición y conocimiento del pasado (cualidades del verdadero).
Para Baudelaire entonces la fotografía no puede ser un arte porque carece de la “reina de las facultades” que es la imaginación, la fuerza creadora; el lugar que le corresponde es el de ser la sirvienta de las ciencias y las artes. Para Baudelaire la fotografía debía constituir un elemento técnico que se pusiera al servicio del verdadero arte y rechaza en general al denominado “arte realista” por anteponer el culto de lo verdadero al de lo bello, y por imitar a la naturaleza como una simple copia, producto de una reproducción mecánica, y no como debía ser: una acción creadora.
Por otra parte tenemos a Malraux con un punto de vista distinto y con un concepto muy interesante y útil para entender su visión de la fotografía con respecto a la historia del arte (que es puesta en crisis por la fotografía), diciéndonos: “La historia del arte desde hace cien años es la historia de lo que es fotografiable” (Malraux, 1956: 28).
Malraux se preocupa sobre todo de fotografía como imagen, y desarrolla sus ideas a partir del Museo. Nos habla de la metamorfosis del significado de la obra de arte cuando es expuesta en el museo: “Un crucifijo románico no era originalmente una escultura, la Madonna de Cimabue no era un cuadro, tampoco la Palas Atenea de Fidias era una estatua”. (Malraux, 1956: 11). La obra de arte en el museo pierde su función primera y pasan a ser esculturas, cuadros, estatuas…en el museo las obras son puestas en oposición, esto nos supone una operación intelectual, lo que sería una primera aproximación a la “intelectualización del arte”, sin embargo para este fin la reproducción sería el medio más potente, y es aquí donde entra en escena la fotografía con su arsenal que en tanto reproducciones producen una metamorfosis en la materialidad de la obra traspasando todas estas imágenes como archivos a lo que Malraux denomina “Museo imaginario”, este museo se constituye de imágenes mentales, dejando atrás las barreras impuestas por el museo real, estas barreras son físicas, económicas, geográficas, etc.
La fotografía es en un principio similar al grabado, en tanto que permite reproducir las obras, pero la diferencia radica en que el grabado se ocupaba generalmente de reproducir obras maestras, mientras que la fotografía reproducía toda clase de objetos, incluyendo también a las llamadas artes menores. Algo muy interesante que sucede al respecto con la foto es el cambio en la escala del tamaño de los objetos artísticos, y para Malraux esto puede aportarnos una nueva visión de la obra al ponerlas todas en un mismo rango, en un mismo nivel dentro de nuestro almacén virtual de imágenes, revalorizándolas, ya que en el museo imaginario el estilo trasciende la forma y la materia.
Así el Museo imaginario constituye un museo portátil, permitiéndonos reconstruir la obra a partir de la reproducción de ésta sin la necesidad de estar frente al original, se produce de esta manera una relación distinta entre sujeto-obra, la obra se desmaterializa y nos permite valorar el arte desde un estadio distinto. Las obras se potencian por contraste y se renuevan constantemente.
Con estos antecedentes, tanto de Baudelaire como de Malraux, podemos comenzar a pensar la fotografía desde sus consecuencias y efectos. Entendemos que en Baudelaire el arte ha entrado en crisis, la pintura ha sido relegada al pasado, las obras maestras del arte han quedado en el olvido, materialmente, para encontrarse, en Malraux, gracias a la reproductibilidad técnica, virtuales en el Museo imaginario, el museo subjetivo, portátil, sin límites espaciales, temporales ni geográficos. Esto de cierta forma le resta importancia al Museo (real) como espacio de contemplación (para Baudelaire), ya que en el museo imaginario la función de la reproducción es la del conocimiento artístico, sin duda la experiencia estética cambia, se transforma y se intelectualiza. Malraux, podríamos decir, legitima la fotografía tal como lo Aristóteles lo haría con el “arte imitativo” siglos atrás. En este contexto es comparable entonces la visión de Aristóteles con la de Malraux, en el sentido de que en donde otros ven un peligro, ellos ven una potencia. Estos otros serían entonces Platón y Baudelaire respectivamente.
Tenemos que considerar el hecho de que el texto de Baudelaire es anterior al de Malraux, pero aun así ambos corresponden más bien a los principios de la fotografía, con el paso de los años esta tecnología se ha desarrollado con increíble rapidez. Malraux previó de alguna manera el alcance que podría alcanzar este medio, en el sentido de que era el más poderoso: para estar al alcance de mucha más gente, de no tener límites, de abarcar un espacio distinto, tramado por nuestra subjetividad, convirtiendo las “obras maestras” del museo en “obras significativas”. El formato en las que se encuentran nos permiten almacenar y contrastar una variedad sorprendente de imágenes, este formato foto, además, hace desaparecer la distancia que suponían las obras en los museos, esa “aura”, lo inaproximable. De esta forma la fotografía se pone al servicio del arte,  lo hace renacer, le da un nuevo significado renovado cada vez y lo acerca a las masas, dándoles, al margen del museo, un vasto dominio de conocimiento artístico, “(…) este dominio –que se intelectualiza mientras el inventario y su función se prosiguen, y mientras los medios de difusión se acercan a la fidelidad- es, por primera vez, herencia de toda la historia” (Malraux, 1956: 44).
La fotografía es entonces, de acuerdo a los antecedentes que estudiamos en Malraux, de crear su propio lenguaje, de constituirse en matriz de lo que él llama las “artes ficticias” que vendrían siendo las imágenes de las obras originales.
La potencia de la fotografía radica principalmente en que abre paso a lo que Malraux pensó como el “museo moderno” y efectivamente el uso de la imagen permite salvaguardar las obras de arte ya existentes, el pasado, encontrándose con lo que para Baudelaire era parte de la función de la fotografía. Entonces, la fotografía nos permitiría crear un archivo digital del arte, muy útil para los historiadores y personas que desean acercarse a conocer a éste; nos permite al mismo tiempo crear un archivo virtual en nuestra mente con obras significativas que nos permiten intelectualizar constantemente en cualquier momento.
Sin duda la aparición de la fotografía no desplaza a la historia del arte, no la afecta ni la desvaloriza, sino que paralelamente, sin ser su sirvienta, puede serle útil. Las llamadas “obras maestras” no pierden tampoco su valor, más bien son revalorizadas y pensadas más profundamente en el museo imaginario, pasan a ser “obras significativas” que son capaces de reemplazar a sus predecesoras sólo en cuanto a valor. La fotografía puede pensarse como solución a un problema estético que nos planteaban los museos reales, el de tener una visión parcial y distorsionada (por quitarle su función) de las obras de arte; posiblemente siempre surgirán nuevas ideas y argumentos para cuestionar esta reflexión, pero lo que no puede negarse es la fuerza que tiene la fotografía como medio de representación, situándose hoy en día entre los más importantes (si no el primero) en el mundo.

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